Las tres competencias para la educación superior del futuro


La innovación en las propuestas curriculares es un reto de la universidad para seguir vigente entre las opciones de los más jóvenes. El futuro de las profesiones: un debate que se lleva a la práctica. 

Inicio Productividad Las tres competencias para la educación superior del futuro Publicado el: 5 de marzo de 2021

La innovación en las propuestas curriculares es un reto de la universidad para seguir vigente entre las opciones de los más jóvenes. El futuro de las profesiones: un debate que se lleva a la práctica. 

En la actualidad, se han generado muchos debates acerca del futuro de la educación superior. 

Tanto la inminente transformación tecnológica de los procesos de enseñanza-aprendizaje —que se vio acelerada por la pandemia—, como la consolidación de la cultura participativa y las redes de conocimiento, son factores que están retando la estructura de la academia contemporánea. 

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Enmarcado en la crisis por covid-19, Colombia registró en el primer semestre del 2020 un crecimiento cercano al 290% en el registro de espacios web con el dominio “.edu.co”, de acuerdo con la organización .Co Internet. Esto señala la tendencia a apostar por la educación con programas virtuales o blended.

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Sin embargo, los debates van más allá de la modalidad de los programas o el rol de la tecnología en los procesos del aula. La educación se enfrenta a la necesidad de innovación de sus contenidos programáticos para responder a la acelerada automatización de procesos y a las necesidades de un futuro altamente competitivo. 

De acuerdo con Stéphanie Lavaux, Vicerrectora General Académica del sistema universitario Uniminuto, “los currículos deben ser dinámicos y evolucionar de manera permanente en función de las tendencias mismas de las disciplinas y profesiones; de las necesidades del mercado laboral, de las interacciones como egresados, estudiantes y profesores, así como de las relaciones con los actores del sector público, privado, solidario local, nacional e internacional. Se deben identificar las rutas por las que debe encaminarse una apuesta educativa abierta al cambio.”  

Si bien la apertura al cambio señalada por Lavaux es un proceso que durante años ha estado en la discusión académica sin mucho eco, el momento de repensar la educación superior se encuentra en un punto práctico frente a los cambios que el sistema productivo estableció durante el confinamiento y las oportunidades de nuevas industrias. 

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Profesionales que respondan a la realidad

Aunque este proceso no es nuevo, Gary Cifuentes, profesor e investigador de la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes, señala que la transformación debe materializarse en esta etapa de la historia desde dos puntos de vista, desde el currículo y desde el análisis de las necesidades del entorno local. En primera instancia, reconoce la necesidad de revisar las prácticas de enseñanza y apelar a los elementos de escuela activa más allá de la teoría; esto es el compromiso para ‘llevar a la práctica’ y hacer protagonistas a los estudiantes de su propio proceso de aprendizaje. 

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Así mismo, “es necesario no perder de vista las necesidades que como país se tienen en diversas disciplinas, para así fortalecer la oferta, los contenidos y proyectos curriculares en aras de brindar a los entornos locales y regionales el recurso humano para responder a las transformaciones”, afirma Cifuentes frente a la posibilidad de la internacionalización de la educación gracias a la virtualidad.

La introducción de nuevas competencias más allá de las disciplinas: es una de las principales metas del rediseño curricular. “Se trata de introducir la formación en competencias blandas y transversales”, aseguró Stéphanie Lavaux. 

Las tres competencias blandas y transversales principales, según Stéphanie Lavaux:

  1. Las técnicas del mundo digital, con énfasis en competencias en programación, analítica de datos, integridad y seguridad de datos, narrativas de datos. 
  2. Las competencias del ejercicio profesional en un entorno digital (sin importar la profesión), enfocadas en aptitudes de trabajo en equipos interdisciplinares e interprofesionales, comunicación asertiva, toma de decisiones en crisis, entre otros. 
  3. Las competencias humanas y socio-emocionales, fundamentales el emprendimiento, la innovación y creatividad, así como en la resolución pacífica de las tensiones, la integridad, la transparencia, la ética.